El cesto de los sueños de Aspace
«Para todos esto es un sueño. Teníamos muchas ganas de que
la gente viese nuestro trabajo, por lo que esperábamos con ansia que llegase
este día». Son las palabras con las que Javier Pascual, usuario de Aspace Gipuzkoa, celebró este miércoles
la salida del camión que transportó la primera de remesa de cestos desde el Centro Goienetxe, una de las sedes
donostiarras de la asociación, hasta las oficinas de EL DIARIO VASCO.
Con el acuerdo suscrito entre
ambas entidades, Oferplan se
ha convertido en el nuevo canal de venta de los productos fabricados por los
guipuzcoanos afectados con parálisis cerebral integrados en la actividad de cestería de Aspace. Gracias a la venta
de los cestos los usuarios ven monetizada una labor que realizan diariamente.
«Es una noticia muy importante para toda la red de la
asociación en Gipuzkoa», afirma José Luis Madrazo, jefe del servicio de
Adultos, pues supone «un paso muy importante para normalizar la vida de los usuarios y dar
visibilidad a su trabajo, demostrando que ellos no acuden a los
centros para pasar el rato y demostrándose a sí mismos que no hacen por hacer».
Y es que hasta este jueves Aspace no
tenía cómo dar salida comercial a estos productos, «más allá de lo que
compraban los familiares», apunta Madrazo. Por ello, la felicidad inundaba el
rostro de Javier, una de las 242 personas que atiende Aspace en los nueve
centros de día repartidos por la provincia y que admite que «no es bonito ver
nuestro trabajo acumulado en un almacén».
Pero eso ya es historia. El camión de Mudanzas Zazpi llegó vacío a las
10:00 horas al Centro Goienetxe y, tras un proceso de carga en cadena realizado
por usuarios y monitores, apenas veinte minutos más tarde se marchó repleto de
cestos que serán utilizados en una gran cantidad de hogares guipuzcoanos. En
ese sentido, Javier se muestra convencido de que la gente «no comprará por
lástima, sino porque el producto es bueno,
bonito y de calidad. Seguro que gusta mucho».
«Un trabajo como otro
cualquiera»
Los usuarios de Aspace dedican
dos horas y media de su jornada en el centro de día a la actividad de la
cestería, una tarea que todos reconocen les gusta «mucho». Trabajan divididos
en mesas compuestas por aproximadamente dos monitores y ocho personas «con
diferente grado de afectación», matiza Lourdes Ibarluzea, responsable de la
sección en Goienetxe, y explica que «cada uno de los usuarios trabaja en una
tarea concreta, según sus posibilidades y capacidades, además de con una
previsión mensual individual».
Sin embargo, es evidente que hay ciertos usuarios con un
grado de afectación alta y «sin ninguna capacidad para realizar cestas, aunque
es muy importante que estén en la mesa integrados con sus compañeros», apunta
Ibarluzea. Este punto de vista es compartido por todos los usuarios pues, en
palabras de Javier, «no compartimos la
idea de segregar y separar a la gente en base a las capacidades». Así,
muestra un rechazo absoluto a aquel «comportamiento que nos ha perseguido
durante toda nuestra vida, apartándonos porque no llegamos a unas capacidades
estándar establecidas por la sociedad». El afectado por parálisis cerebral se
muestra tajante: «En Aspace no queremos
reproducir esa imagen y segregación».
En ese sentido, esta actividad ofrece a los usuarios «una
normalidad muy similar a la vida de una persona adulta», expresa Madrazo y así
lo reafirma Javier: «Es un trabajo real,
como otro cualquiera y realizado por personas muy valiosas». El
usuario destaca, además, la importancia que tiene para este colectivo «aportar
a la sociedad. Porque no solo pedimos, también damos y queremos normalizar
nuestra situación, eliminar barreras y que se nos vea como iguales».
Lección de solidaridad
El dinero que Aspace recauda con las ventas a través de
Oferplan se destinará a un fondo económico que tienen los usuarios y que
gestionan con total libertad. Cabe destacar que un bonito detalle de
compañerismo asoma en el modo de entender la actividad laboral de la cestería,
pues han decidido compartir por igual los beneficios entre todos ellos,
independientemente de su aportación al trabajo.
Así, aunque cada uno de ellos tiene una gratificación
mensual asignada, «si el número de ventas va a buen ritmo, ellos verán recompensado su trabajo y aumentarán sus
ingresos», apunta Madrazo. Junto a ello, aclara que cada uno de los
centros cuenta con una estructura organizativa «compuesta por usuarios, en la
que todos están implicados y participan muy activamente para decidir qué hacer
con su dinero».


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